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KLR leyenda de la aventura (III Parte)

April 18, 2018

Continúe rumbo a Chile, pasando la frontera por Arica. Esta vez mucho más eficientes: 2 horas, no está nada mal.

 

Continué por la desértica región de Antofagasta hasta Calama, pasando por el  Cañón del Calamar, y el desierto más seco del mundo ¨Atacama¨. Algo que jamás olvidaré fue la sensación de sed, calor, agotamiento y sueño acumulado que sentí en la Panamericana Chilena. Además, en esta vía a lado y lado de la carretera, se pueden ver restos de carros accidentados, cientos de  cruces y mausoleos (parece un cementerio lateral a la carretera) lo  que advierte el recuerdo de algún accidentado en vía y alertan sobre rodar con precaución y atentos a la carretera pues la mezcla de fuertes vientos, calor, sol, sed y cansancio son mortales. Chile, un gran país para recordar por  el carisma y la buena onda de toda su gente que  ayuda a los viajeros en moto y sus increíbles paisajes.

 

Seguí mi camino hacia Argentina por el paso Jama rumbo a Salta, continúe por Rosario, Buenos Aires y  atravesé  en ferry el Mar de Plata, rumbo a Montevideo y finalmente a Punta del Diablo, playa de la Viuda.

 

Esta fue la mitad del viaje;  me quedé una semana de relax total frente a la playa, viviendo en Jamboree con el mejor parche.  Amigos que uno va recogiendo a lo largo del camino de la vida.

 

Luego, regresé a Chile, visité Valparaiso y Viña del Mar, después nuevamente  Calama y  continué pasando la frontera entre Chile y Bolivia por  Ollagüe; este fue el paso fronterizo mas eficiente: 20 minutos. En la entrada a Bolivia había una caseta con puerta de malla y un vigilante con un sello aduanero. ¡¡¡Que peligro!!! Él es quien decide quien entra o no a Bolivia.

 

Una vez en territorio Boliviano fue bastante interesante la manejada, cerca de 300 kms de carretera destapada, con huecos y trampas  de arena, acá es un verdadero reto no caerse.

 

Finalmente llegué al pueblo de Uyuni, y gran sorpresa: El pueblo estaba en paro, es decir, calles cerradas, concentraciones de gente, todo el comercio, bombas de gasolina y restaurantes cerrados (Después de 10 horas continuas en moto, rodando en la mitad de la nada, en condiciones complicadas,  lo único que esperaba encontrar era un buen almuerzo para recuperar fuerzas, el cual fue una misión imposible). La solución salir pronto del pueblo, esquivando bloqueos, llantas, piedras y gente que estaba en paro y seguir hasta el próximo pueblo a 30 kms de distancia Colchani.

 

Después de esta salida llena de adrenalina, llegué al Salar de Uyuni, el más grande del mundo. Pasé la noche en un hotel construido con bloques de sal. Esa noche llovió bastante fuerte,  el salar se inundó y al día siguiente  el paso de la entrada al salar era casi imposible. Creyendo que no lo lograría busque pasos menos profundos y atravesando agua helada, barro, sal y fango logré llegar hasta el monumento del Dakar y lo más impresionante fue ver banderas de todas las nacionalidades, las cuales dan la bienvenida al espectáculo;

 

Fue inolvidable el paisaje del salar reflejado como un espejo  en el suelo lleno de agua salada y costras de sal, así mismo ver  el reflejo perfecto de mi moto en el suelo y el horizonte blanco infinito que se puede observar.

 

**Esta historia continuará.**

 

Alfredo López 

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